La semana pasad…

La semana pasada compré a mi hija de tres años una película de su gusto. Me gasté casi 20 euros. Fue ella quien metió el DVD en el aparato y lo primero que apareció en pantalla fue un anuncio alertándonos en primera persona sobre que si a nosotros (repito, un padre y su hija de 3 años) alguna vez se nos ocurriera robar un coche iremos a la cárcel, que si robamos un bolso también, y que si robamos esta película nuestro futuro no será mejor. Yo ya había visto este anuncio muchas veces, pero nunca con ella a mi lado (babeando por que empiece su medicina audiovisual), y entonces pensé: “Os estáis equivocando de tipo, y de niña, precisamente sí hemos pagado para escuchar esto…”.

Traté de hacer pasar el anuncio, o por lo menos acelerarlo, pero la sintonía marcial no cesa, está programada para inyectarse quieras o no. Mi hija mira la pantalla contrariada: “¡Esto no son las princesas que me prometió mi padre y las quiero ya!” Mientras, yo pienso en cómo hacer una copia privada de esta película omitiendo los residuos aledaños, pues auguro que veremos la película de princesas unas 100.000 veces durante los próximos tres meses. Pienso en el trabajo que me supone descargar un programa de rippeo, investigar cómo quitarle las protecciones, y sueño con que alguien lo haya pirateado ya para poder descargarlo y disponer de ello con un poco más de facilidad. He pagado por ello, ¡y lo quiero ya! Y no lo digo sólo por el anuncio anti-piratería, sino porque después aparecen en mi pantalla hasta media docena de trailers y ninguna forma de pasar directamente a las princesas, que es lo único que quiero ver. Este es un perfecto ejemplo de mercado kamikaze, lo normal…

David Navarro
http://blogs.elpais.com/el-hombre-orquesta/2013/04/a-favor-de-entender-la-pirater%C3%ADa.html

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