Un katripache, …

Un katripache, a diferencia del winka, es siempre una persona, pero con la particularidad que viene de otro lugar. Es un che. Un katripache sabe saludar, tiene siempre algo que ofrecer al forastero cuando está en su tierra, aunque sea un vaso de agua. Un katripache, en los mundos rurales que nos tocó conocer, se ensucia las manos con las ovejas, y corta la leña con hacha. O al menos lo intenta. Un katripache se da el tiempo de escuchar, y no anda por la vida “apurado,” como los winka. A un katripache no le interesa quitarle nada a las personas que encuentra, y puede también llevar noticias y conocimientos de un lugar a otro, como un pájaro. Un katripache reconoce a su interlocutor como persona, antes de juzgarlo. En realidad, un katripache no juzga a otros porque no tiene esa facultad.

No tiene el interés de andar adoctrinando gente, ni es un misionario. Un katripache es simplemente una persona que viene de otro lugar.

Entonces, entre personas verdaderas, sean che o katripache, es primordial cultivar un pensamiento positivo, que permita mantener la relación abierta y entre iguales. Se trata de un diálogo basado en el respeto, en el que los participantes se regalan todo el tiempo del mundo para expresarse. Es un diálogo no utilitarista, en el que el tiempo no es dinero, y las palabras brotan lejanas a la lógica de la productividad, lógica, claro está, que no es necesaria ni universal.

http://www.elmostrador.cl/opinion/2013/01/10/winka-o-katripache-consejos-practicos-para-un-chile-no-racista/

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