es hora de morir

«Es hora de morir».
Blade Runner

El futuro a secas

En Children of Men, la película de Alfonso Cuarón, el protagonista va a visitar a su amigo Jasper, quien acaba de recibir unos paquetes. Son dos cajas de ‘Quietus’, los kits de eutanasia que le envía la seguridad social.

 

(Opinión)

Si en los años 70 existía el género «desastre», ahora tenemos el género posapocalíptico. The Road, 28 Days Later, I am Legend y otras películas tratan las grandes consecuencias del desmorone social. Pero no tocan las pequeñas, como enfermar y quedar a merced de un sistema de salud desintegrado, donde los recursos escasean y todo se parece mucho a la parte no turística de Sudamérica, África o India.

El futuro chungo

David Attenborough profundiza sobre el tema en su documental sobre la sobrepoblación apelando a matemáticas sencillas: si la población mundial en 1950 era de unos 3.000 millones y de 6.000 millones en el año 2000, ¿a cuántos millones llegará en 2050?

Naturalmente no hace falta ser Attenborough para darse cuenta de que cada uno de los aproximadamente 3.000 millones de nuevos habitantes va a necesitar comida, agua, vivienda, salud, electricidad, trabajo y transporte. Algo así como una pareja que tuviera un hijo al año ad aeternum. Pero un ad aeternum en el mismo piso de 50 metros cuadrados, con un solo sueldo y retoños que no se marchan jamás.

Esa es la relación entre la población y el mundo.

El futuro es mañana

Con ese panorama en mente, ¿qué ocurrirá con la seguridad social? ¿Irá degenerando hasta que la calidad y esperanza de vida vuelvan a niveles medievales? Es aquí donde entra el tema del suicidio asistido. Es apenas una cuestión de tiempo.

En la última edición del BAN, la feria de novela negra de Buenos Aires, el economista Ricardo Kesselman proyectó el típico gráfico XY. En él se veían dos curvas. La primera, la ascendente, representaba la violencia comparativa de los crímenes estudiados. En un extremo de la curva, el robo de una gallina; en el otro, un rapto con violación y posterior asesinato. La segunda curva, la descendente, indicaba el coste que el castigo de esos crímenes representa para la sociedad.

Kesselman: «De esto se concluye que hay crímenes tan antieconómicos de castigar que, a la larga, el Estado optará por aplicar una simple multa o legalizarlos sin más».

Vaticino que lo mismo ocurrirá con la salud: un ciudadano con una enfermedad terminal, necesitado de cientos de análisis, pruebas e internaciones –o un enfermo mental que requiere cuidados y supervisión constantes— resultará demasiado oneroso de mantener para la seguridad social y, a la larga, el estado acabará por legalizar tanto la eutanasia como el suicidio asistido.

El futuro es hoy

Nadie desea tomar la decisión de poner fin al sufrimiento de un familiar querido. Sin embargo, es algo que ocurre cada vez con más frecuencia. Pero, ¿dónde queda la voluntad del individuo?

Frente a una vida invivible por dolorosa o una muerte lenta, la única decisión posible es la personal y quizá por eso se fundó Dignitas, clínica especializada en suicidios asistidos. Dignitas se estableció cerca de Zurich, Suiza. Una elección muy coherente, pues un país que protege los ahorros de dictadores y asesinos en masa ya ha demostrado con creces su falta de miedo a la muerte y su ateísmo absoluto.

No Future

Piénsenlo. La siguiente generación probablemente ya no tenga hijos por inviable. También es probable que el amor filial que predicaba Confucio, y que ya ha caído hasta el subsuelo moral, siga menguando. Piensen cuánto se ocuparán de nosotros los niños de hoy en unos 35 años.

Piénsenlo. Porque pese a que ya haya obtenido las cosas importantes de la vida –el ordenador de titanio y el teléfono con touchscreen—, usted también va a envejecer y enfermar. Y aunque no busco ser agorero, probablemente será de cáncer. Un cáncer inducido por los químicos necesarios para fabricar comida con restos, purificar aguas contaminadas y otros subproductos de la superpoblación. Será una enfermedad larga y dolorosa, porque aunque les parezca mentira un ser humano tarda en morir.

Piénsenlo, porque el dolor insoportablemente largo existe. Quizá no lo experimenten ahora, quizá no lo sientan mañana… pero llegará, créanme.

Yes, Future

Quienes ven el vaso del futuro medio lleno afirmarán que todo seguirá igual que ahora, que esos nuevos 3.000 millones de ciudadanos estudiarán, conseguirán trabajo y alimentarán a sus familias como lo hicieran nuestros padres y abuelos; algunos quizá hasta funden sus propias empresas.

Los que no son tan optimistas intuyen que los buenos trabajos se los quedarán los hijos de los ricos y que el resto nos alimentaremos de las migajas.

Los realistas saben que, en el mejor de los casos, habrá desmanes y caos; y en el peor, revueltas sangrientas por doquier.

Personalmente, cuando oteo el horizonte, no albergo gran esperanza por el futuro de este orden social. Pero me tranquiliza saber que, cuando llegue la hora, Dignitas podrá resolver el problema profesionalmente y por una suma razonable. Es cierto que hay que añadir gastos adicionales, como costes de certificaciones médicas, billetes y estadía. Pero a veces ofrecen descuentos.

Entiéndanme, yo ya empecé a ahorrar.

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